Cuando en nuestro país no se fomenta precisamente la industria nacional, la prórroga de una ley que permite la puesta en movimiento de la industria cinematográfica, es un hecho al que debemos darle una gran importancia. Estos meses estuvieron llenos de marchas y contramarchas producidas por la lucha de los diversos grupos en pugna, discusión en el Congreso y fuera de él, pedidos de investigación de los propios directores del Instituto y nombramiento de un interventor (asesor de un canal de televisión), movilización del gremio y anuncio de medidas de fuerza, “división” en el “bloque único” de senadores, eso y mucho más trajo zozobra y paralización en el ambiente.

La prórroga de la ley 62/57 por dos años, con modificaciones que será necesario analizar, permitirá el incremento de la producción. Esa producción que últimamente ha tomado mayor vuelo, ha encarado temas hasta ahora nunca transitados; y estos son aún con sus muchas limitaciones, el de una problematica nacional. La realidad del país, todo ese conglomerado que son hombres, hechos, historia, pasan a ser, lentamente, parte del acervo de nuestro cine.

La ley puede ser el instrumento que per mita profundizar en éste trabajo. De ahí que ésta quede como un paso importante, pero que nos demuestra la necesidad de llevar a la práctica parte de su letra muerta, de tomar medidas de fondo. Son estas, entre otras, el fomento al cortometraje que es uno de los acontecimientos más importantes de los últimos años, sector abandonado a su propio esfuerzo; la escuela nacional de cine, centro de estudios básicos si queremos salir del ámbito de la espontaneidad y de la improvisación; la cinemateca estatal, que ha jugado y juega un papel tan importante en la formación de jóvenes promociones en tantas partes del mundo; ésto y algunos tópicos más, darían los elementos para ambientar el clima, un medio fértil para nuevas búsquedas, para madurar nuestra cultura cinematográfica.

La ley tendrá valor siempre y cuando se aplique sin retaceos, sin temer herir intereses, sin aceptar trenzas o amiguismos, sin hacer discriminaciones ni establecer censuras previas.

No creamos que por la sanción legal la lucha ha terminado. Es simplemente una etapa, una pequeña victoria, ya que aquellos que están deseosos de aplastarla como industria o los que quieren quitarle su contenido cultural nacional, han de continuar con otros medios, con otros métodos, para impedir que esta victoria de sus frutos. No subestimemos sus fuerzas. De ahí que la gente de cine tiene una doble responsabilidad, el de la creación de películas de calidad, humanas, que reflejen la realidad del país, y el control y desarrollo de la ley.


Editorial de CINECRITICA: revista de cultura cinematográfica, septiembre/octubre, 1960.

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